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| Orc slave por Iain Anderson |
Durak gro-Rugdush tenía la mandíbula inferior deshecha por ácido, y con las energías que le quedaban sacó todo el aire de sus pulmones por una garganta a punto de licuarse en un doloroso gemido. ¡Era la señal! Los demás orcos aprisionados no dudaron un instante y las cuevas se llenaron con el escándalo de grilletes abiertos. El sacrificio de Durak no sería en vano. Los chillidos de la matrona Shelur gra-Kash confirmaban la señal y apuraban la revuelta. La bruja Shelur tenía todo el poder para matarlos al instante, y por un momento temieron acabar ahí.
La bruja había elegido a Durak primero para satisfacerse lo que no le alcanzaban sus consortes, las jóvenes iniciadas en el matriarcado de la caverna. Como hizo Durak, Yreg, Ghazat y Neghed habían tragado un pequeño frasco con ácido, para regurgitarlo hasta las mandíbulas en el momento adecuado vertiendo cuanto más se pudiera sobre el rostro de la matriarca. Al parecer Durak no pudo acercarse a la cara de la bruja, que salió arrastrándose manteniendo una mano sobre su sexo licuado. Meses de planificación bajo el látigo y los conjuros de las brujas. Si no moría, que al menos el dolor le impidiera pronunciar las palabras que desataba el poder de su magia. Debían dar tiempo suficiente para que los pozos fueran abiertos en medio de la confusión, derribar los barrotes y romper cuantos grilletes pudieran antes que las brujas se recuperasen del estupor y comenzaran a exterminarlos. Algunos de los recién liberados zanjaron su odio contra las esclavizadoras, a puños, mordiscos y contundencia contra duros cuellos, su desnudez resistiendo los látigos. Muchos murieron en esa intentona de venganza, con las brujas conjurando a diestro y siniestro pero sin organización todavía.
Los orcos comprendieron que todavía no era tiempo de la venganza, así como estaban, sedientos, hambrientos y cansados. En cualquier momento aparecería el dragón muerto que no descansa, el que entregó a las orcas la magia y les erigió su matriarcado. Hoy era momento de retirarse a la superficie, saquear pueblos y con paciencia hacerse de armas para la liberación definitiva.

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